La caspa es esa enfermedad social, pero sobre todo ibérica, que se contagia con sólo mirar a nuestro alrededor. “Las niñas ya no quieren ser princesas”, decía Sabina. ¡¡¡Y qué razón tenía!!! Hoy las niñas ya no quieren ser princesas y ni mucho menos cajeras del Caprabo aunque la mayoría terminen así. Hoy las niñas (y también los niños) quieren ser FAMOSAS pero, ¿qué entendemos por famosas? ¿Cantantes? ¿Actrices? ¿Putas televisivas? ¿Cazadivorciados solventes? Sí, queridos amigos, estamos ante el hostil e indiscriminado ataque de la CASPA CON OJOS (y manos)
La caspa, lejos de ser una enfermedad de la piel que sólo sirve para que salgan al mercado 400 champús inútiles, es todo un abanico cultural que engloba todo aquello con lo que se sueña tras ver la tele. Cultura Operación Triunfo, cultura Crónicas Marcianas, cultura Estopa... carencia cultural en el hogar y el entorno familiar.
La sociedad ha cambiado y con ello nuestro “modus videndi”. Valores como la dignidad, el respeto, la humildad, la honestidad y demás términos no incluidos en el CASPODICCIONARIO se cotizan a la baja frente a nuevas efímeras formas de vida basadas en la CULTURA DEL PELOTAZO (antes tenías que ser político socialista para ello, ahora te comes un par de pollas y lo consigues: ¿intrusismo profesional?). Nuestros alevines sueñan con estilos de vida made in MTV que lejos quedan de su estatus social y económico real: peones de albañil. No logro entender como la gente puede tener sólidas intenciones de quedarse en casa de sus padres hasta los 40 sin dar un céntimo mientras se gastan el sueldo en tener el móvil más molón, el coche más macarra o la PlayStation 8.
Gracias al desmesurado exceso de “propaganda caspista” al que la televisión nos tiene sometidos a través de programas como Gran Hermano, Operación Triunfo ó Crónicas Marcianas, los jóvenes de todo el país sólo sueñan con una cosa: SER FAMOSOS aunque sea por 2 meses. Si hay que ir a un programa a demostrar que no sabemos multiplicar ni freír un huevo ante 6 millones de dummies, pues se va. En definitiva lo importante es que cuando la situación lo requiera salgamos por la casa sin bikini para goce y deleite de los ávidos telespectadores y nos convirtamos en la “imagen del día”. En ese momento ya habremos sentado las bases de una prometedora carrera como “puta televisiva” digna de los mejores saraos de Tele5 pero OjO, siempre corremos el riesgo de que salgan 7 ex novios a contar lo bien que se la chupábamos a todo el barrio, a contar que no tenemos el graduado escolar y a desmentir todas las historias de ciencia-ficción que has estado contando durante los 2 últimos meses. Siempre he dicho que en la vida hay que saber comerse la polla adecuada en el momento adecuado, pero de ahí a andar saltando de polla en polla, ya sea en el barrio o en la tele, hay un abismo el cual la caspa que corroe nuestro cerebro no nos deja ver ni prever.
Aparte del típico reality show en el que enseñaremos carne, daremos innumerables e impagables muestras de nuestra soez educación y falta de cultura y en el que tendremos a toda la familia mandando SMS todo el día como verdaderos gilipollas a razón de 0,90€ la unidad para que no nos nominen, tenemos otras “salidas profesionales”.
Operación Triunfo y sus derivados es una de ellas. ¿Quién no ha soñado dejar de ser reponedor del Carrefour para convertirse en el próximo Bisbal y así poder tener un coche guapo de esos con alerón y llantas, el disco de Estopa original y a todas las Jennys del barrio bien mojadas haciendo cola en la puerta de casa? Pues todos. No voy a ser un cabrón negando que hay currelas que valen su peso en oro como cantantes y artistas, pero tampoco vamos a negar que la mayoría de a l@s que la crítica trata de “artistas” estarían mucho mejor colocando latas de tomate y conservas en un supermercado. Dios da pan a quien no tiene dientes, y dientes a quien no tiene quién se los parta. Flipé cuando ví los resúmenes de los castings: ¿cómo es posible que semejantes merluz@s, en especial los que salen llorando como cerd@s, crean que tienen posibilidades de entrar en el programa?
Lo lamentable de esto es que 8 de cada 10 lo único que hacen es entorpecer a los que sí que tienen madera de artistas haciéndoles esperar hasta 8 horas en la cola pero no importa, lo importante es que todo el país vea lo mal que canto, lo mal que visto y lo gord@ que estoy: total, ya me han visto en el barrio por la tele.
La culminación mediática de la caspa con ojos es nuestro por fin hundido Crónicas Marcianas. Años soportando kilos y kilos de caspa, de mal gusto, de continuadas demostraciones de encefalograma plano ibérico, de... MEDIOCRIDAD. El programa se fue convirtiendo, y nos fue convirtiendo, en un charco de barro cultural gracias a su política de “freak show” que acabó materializándose en el espejo al que la sociedad española podía mirarse. No importaba que fueras una binguera amargada y que tu marido te zurrase cuando llegaba a casa borracho tras estar tirando 12 horas de pico y pala: Crónicas Marcianas y sus siniestros protagonistas (Galindo es la aberración natural más grande que he visto junto con el hombre elefante) hacían que poco ó nada importase.
Lo realmente triste de éste sodomizante concepto de sociedad es que la gente lo ha aceptado como correcto, sano y saludable. Preguntémosle a un alienígena de estos que viven en un planeta inteligente (un suizo, un holandés, un alemán...) cual es su opinión sobre los españoles. Creo que en lo único en lo que hemos avanzado es en cambiar la boina y el botijo por los peinados fashion y los reproductores de mp3. Por lo demás, seguimos luchando contra molinos de viento, fascismos extinguidos hace 30 años y contra el “qué dirá la vecina de enfrente”.